Historia de Cafe Le Procope en París | Cafeterías con Historia

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La Declaración de Independencia de los Estados Unidos, el rey Luis XIV, el gorro frigio de la Revolución Francesa y la primera enciclopedia tienen todos algo en común: el café Procope. 

Retrocedemos en el gran libro que es la historia para trasladarnos a 1686. Fue en ese año cuando Francesco Procopio decidió innovar con un tipo de establecimiento nunca antes visto en París. A día de hoy, lo podemos encontrar en el mismo lugar en el que hace casi 4 siglos acogía a múltiples personalidades. En la orilla izquierda de París, en el distrito seis, se emplaza una cafetería de madera y ventanales de cristal reconocida por ser el primer café de París. 

En su interior, las paredes burdeos, las lámparas de cristal, las alfombras y los adornos de oro te trasladan a otra época en la que Francia se situaba como primera potencia mundial. 

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En el año 1681, abría en París la primera compañía de actores del país. Esto supuso un antes y un después en la cultura francesa, convirtiéndose la Comédie Française en un lugar en el que la clase alta podía contemplar obras de calidad en su propia lengua. Con la apertura de la Comédie, las calles de París se llenaron de un ambiente intelectual y artístico que se contagiaba a todas las esferas sociales.

Cinco años después, un cocinero siciliano decidió abrir un establecimiento en el que la alta sociedad parisina pudiera beber café, una bebida exótica que ya había empezado a consumirse en Marsella. Por aquellos años, París desprendía un aroma monárquico e intelectual, siendo el centro neurálgico del mundo intelectual.  Así, Le Procope nace en el año 1686, una época marcada por el Antiguo Régimen y por la sed del rey del Rey Sol de subir a Francia a la cima de los imperios tanto política como económica y culturalmente. 

En este lugar, la alta esfera de París podía disfrutar de una bebida diferente al vino que acostumbraban a tomar en los bares: el café. Debido a su proximidad con la Comédie, Le Procope se transformó en un café literario en el que los intelectuales podían hablar al mismo tiempo que degustaban una taza de café caliente. Con el tiempo, este café se convirtió en el lugar en el que se cocinaban las tendencias políticas de la época. Así, los contrarios al Antiguo Régimen, se reunían bajo el techo de Le Procope para conversar sobre sus ideas revolucionarias, siendo este el punto de encuentro de los líderes de la Revolución Francesa. 

De esta manera, el café comenzó a tener un significado intrínseco que lo llenaba de distinción. Alrededor de la bebida se conformó una imagen que a día de hoy permanece. 

Datos curiosos de Le Procope

La historia de Le Procope es la definición de singularidad. Desde sus comienzos, este café ha dado cobijo y espacio a personas que han pasado a ser protagonistas de grandes sucesos de la historia. 

Podríamos decir que Le Procope juega un papel fundamental en la abolición de la monarquía en Francia. Antes de la Revolución Francesa, este establecimiento era coloquialmente denominado como la ‘Cámara de los Comunes’. En sus salones y con el efecto estimulante del café, Le Procope acogió a revolucionarios y antimonárquicos que soñaban con una Francia democrática y más equitativa para todos los hombres. La política protagonizaba la gran mayoría de las conversaciones que podían escucharse en la cafetería. De hecho, algunos de sus clientes habituales llegaron en una ocasión a acudir a la Asamblea Nacional para felicitar el trabajo que estaban haciendo los políticos del momento

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A las puertas del Siglo de las Luces, la clientela de Le Procope se convirtió en el núcleo de las ideas ilustradas. Tras sus portones de madera y cristal, los ilustrados encontraban el hueco que no hallaban en las universidades, grandes amigas del tradicionalismo. 

Ideas hoy en su mayoría consagradas, como la abolición de la servidumbre y la esclavitud o la libertad de las personas, fueron una fuente inagotable de polémica por aquellos años. Filósofos ilustrados que cambiarían la realidad de aquel momento encontraron en el café una excusa perfecta para reunirse, dialogar y discutir. 

Montesquie se llegó a referir a Le Procope como un lugar “donde se prepara el café de tal manera que le da ánimo a quien lo toma”. Rousseau era otro de los tertulianos habituales del café, de la mano de Voltaire, cuya mesa original se encuentra a día de hoy en la cafetería. Así, el café, que en un primer momento mereció la felicitación en primera persona de Luis XVI, se transformó en un arma clave que destruiría los cimientos de la monarquía. 

Sin embargo, no fueron los revolucionarios los únicos en dejar su huella en el primer café literario de París. Se dice, que el mismo Napoleón Bonaparte, cuando no era el conquistador que hoy conocemos, sino un joven militar; llegó a dejar su sombrero en la cafetería a modo de pago. No solo eso, también se comenta que fue en Le Procope donde Benjamin Franklin redactó la Declaración de independencia de los Estados Unidos y en donde a Diderot y d’Alembert se les ocurrió crear la que sería la primera enciclopedia.

También Le Procope fue sitio de paso para grandes literatos como Ernest Hemingway, quien, conocido por su gran talento a partes iguales para beber y escribir, decidió darle una oportunidad al café. Balzac, George Sand, Victor Hugo, Oscar Wilde y Gautier fueron también otros de los autores que pasaron por Le Procope, quizá llegando a mojar sus plumas en el tintero sobre una de sus mesas.

Cómo llegar y qué pedir

Le Procope se encuentra en el número 13 de la Rue de L’Ancienne Comédie, en París. En esta cafetería podrás degustar desde un café a unos raviolis con crema de parmesano. Algunas de sus recetas más antiguas y típicas son los macarrones de carrillera de ternera con parmesano o el tradicional Coq au vin ‘ivre de Juliénas’. Al terminar de comer, no te olvides de pedir un Café Liégeois ‘Procope’. 

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